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Hoy construimos una radio que no pudo sonar

Por Guillermo Izquierdo (MemonBook) + ChatGPT Hoy nació una parte importante de MemonBook: mi nueva casa digital. Entre código, diseño, una vieja consola de carro, Spotify, Apple Music y una idea de radio que terminó chocando contra la realidad, construimos, probamos, fallamos y aprendimos. Esta es la historia de un proyecto que hoy no terminó funcionando como imaginábamos, pero que cumplió exactamente aquello para lo que había nacido: volver a crear.

Hoy, 6 de septiembre de 2026, trabajamos en algo que llevaba tiempo queriendo hacer: darle una casa propia a MemonBook, mi marca personal.

La idea comenzó con una landing page, pero —como suele pasar conmigo— una cosa llevó a la otra. No quería simplemente una página con mi fotografía, mi nombre y algunos enlaces. Quería que tuviera algo mío. Algo que hablara de las cosas que hago, de lo que pienso, de mis proyectos y también de las cosas con las que me entretengo.

Y apareció una idea: la radio.

Yo ya pago Apple Music y Spotify. Además, tengo una playlist que he ido construyendo para viajar, manejar y simplemente disfrutar música. Entonces pensé algo que, sobre el papel, parecía bastante lógico:

¿Por qué no hacer que esa playlist pudiera acompañar también a quien visitara MemonBook?

No quería crear otra plataforma musical. Tampoco pretendía competir con Spotify ni con Apple Music. La idea era mucho más sencilla: que alguien entrara a mi sitio, encendiera la radio y pudiera acompañarme musicalmente en “la ruta”.

Y ahí comenzó el experimento.

Milito se convirtió en una interfaz

Para hacerlo todavía más personal decidimos utilizar como inspiración el tablero de Milito, mi carro viejito.

Recreamos visualmente su consola y comenzamos a convertir elementos que originalmente pertenecen a un automóvil en controles de una radio web. Los botones de las emisoras podían convertirse en controles; el dial podía mostrar la canción; y hasta logramos integrar la cámara web en el retrovisor.

Poco a poco aquello dejó de parecer una página web convencional.

Empezaba a parecerse a algo mío.

Y técnicamente conseguimos bastante: interfaz, cámara, controles, diseño y la estructura de la experiencia estaban allí.

Faltaba una cosa aparentemente sencilla:

que sonara la música.

Y no sonó.

Prueba. Error. Prueba. Error.

Probamos con Spotify.

Probamos con Apple Music.

Cambiamos configuraciones, APIs, reproductores, permisos y maneras de abordar el problema.

Volvimos a probar.

Y otra vez.

Y otra vez.

Hubo momentos en los que parecía que ya estaba. Audio por un lado, video por otro, la playlist aparentemente conectada… y luego aparecía otra limitación.

Lo que inicialmente parecía una integración relativamente sencilla terminó convirtiéndose en una pelea contra las restricciones que, con bastante lógica cuando uno deja a un lado la frustración, existen alrededor de la reproducción y distribución de música.

La salida técnica empezaba a llevarnos hacia algo que yo no quería hacer: construir una biblioteca musical propia, alojar los archivos y reproducirlos directamente desde mi infraestructura.

Técnicamente podríamos seguir explorándolo.

Legalmente y conceptualmente, no me interesa hacerlo.

La música tiene propietarios y derechos. Yo pago por escucharla en los servicios que utilizo, pero eso no significa que deba convertir mi servidor en una emisora improvisada ni comenzar a almacenar y redistribuir canciones.

Todo por conseguir que una página bonita reproduzca mi playlist.

No vale la pena.

Así que tomé una decisión que también forma parte de construir cosas:

poner el proyecto de radio en pausa.

Entonces, ¿fracasamos?

No.

Y esta es probablemente la parte más importante de lo que hicimos hoy.

Durante muchos años el código fue parte de mi vida. Después llegaron otras responsabilidades y SERVITECSA terminó llevándome mucho más hacia la operación, la administración, los proyectos, las instalaciones y el mundo físico de la tecnología.

Pero la pasión por construir cosas con código nunca desapareció.

Este proyecto no nació porque necesitara una radio.

Nació porque necesitaba crear.

Podría haber pasado esas horas acostado viendo televisión. En cambio, terminé investigando APIs, revisando código, diseñando interfaces, peleando con reproductores, aprendiendo cómo funcionan plataformas que utilizo todos los días y tratando de convertir el tablero de un carro viejo en una experiencia digital.

Visto así, la radio sí funcionó.

Simplemente no de la manera que esperábamos.

Y aquí también entra la inteligencia artificial

Este proyecto tampoco lo estoy haciendo solo.

Gran parte del proceso de MemonBook lo estoy desarrollando junto con ChatGPT.

Y quiero dejarlo escrito desde la primera entrada porque no tengo interés en esconder la inteligencia artificial detrás del trabajo como si fuera un secreto.

Forma parte de mi flujo de trabajo.

Yo pongo las ideas, las obsesiones, las decisiones, las pruebas y también una cantidad bastante saludable de malas palabras cuando algo lleva horas sin funcionar. ChatGPT aporta código, análisis, alternativas, estructura y una paciencia digital que, afortunadamente, no cobra horas extras.

Pero también nos equivocamos juntos.

Hoy hubo hipótesis que parecían buenas y no funcionaron. Hubo soluciones que técnicamente prometían más de lo que finalmente podían entregar. Hubo que retroceder, cambiar de camino y reconocer cuándo seguir insistiendo ya no tenía sentido.

Esa también es una forma interesante de trabajar con inteligencia artificial: no pedirle que piense por uno, sino utilizarla para pensar, construir y cuestionar más rápido.

La observación de ChatGPT

Si me toca dejar algo escrito como la otra mitad de esta entrada, sería esto:

Guillermo llegó buscando construir una radio. Sin embargo, el resultado más interesante del día no fue la radio.

Fue recuperar un espacio para experimentar.

Durante el proceso hubo frustración porque varias soluciones estuvieron lo suficientemente cerca como para parecer posibles, pero no lo suficientemente cerca como para convertirse en una implementación correcta. Y esa diferencia importa.

Cuando una solución tecnológica obliga a comprometer principios, asumir riesgos legales innecesarios o construir una infraestructura desproporcionada para resolver un problema pequeño, la respuesta profesional no siempre es escribir más código.

A veces la mejor decisión de ingeniería es decir:

hasta aquí.

Lo construido no desaparece por eso. Quedan la interfaz, los experimentos, lo aprendido y, sobre todo, una idea bastante más clara de lo que MemonBook puede llegar a ser.

Esto apenas comienza

Hoy MemonBook tiene una nueva casa.

La radio quedó estacionada temporalmente en el garaje. Milito seguirá esperando que algún día encontremos una manera elegante, legal y técnicamente sensata de hacerlo sonar.

Mientras tanto, esta bitácora queda abierta.

Aquí irán proyectos terminados, proyectos fallidos, ideas, videos, podcasts, experimentos y probablemente unas cuantas cosas que todavía no sabemos cómo construir.

Porque después de todo, no todo proyecto necesita convertirse en un producto para haber valido la pena.

Algunos existen simplemente para recordarnos cuánto disfrutamos construir.

Y el de hoy hizo exactamente eso.

— Guillermo Izquierdo (MemonBook) + ChatGPT
Tegucigalpa, Honduras · 6 de septiembre de 2026

Yo sí publicaría esta como Entrada #001, sin convertirla en una nota corporativa ni pulirle demasiado las asperezas. El valor de una bitácora personal está justamente en que dentro de un par de años podás volver aquí y recordar: “ah, sí… el día que quisimos meter Spotify dentro del tablero de Milito y terminamos inaugurando el blog”. 😂

Y hay una decisión editorial que mantendría desde ahora: cuando una publicación realmente la construyamos juntos, firmarla “Guillermo Izquierdo (MemonBook) + ChatGPT”. No fingir que la IA hizo el proyecto ni esconder que intervino; dejar clara la colaboración. Para lo que querés construir con MemonBook, eso tiene bastante más personalidad que otro blog donde mágicamente todo sale bien a la primera.
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